"En principio la figura de Jesús no debería haber representado más, dentro del mundo espiritual judío, que la de uno, el último, de los profetas; pero no fue así. Lo cierto es que en torno a él, desde muy pronto, se fueron reuniendo una serie de individuos que reclamaban su excelencia. Jesús, a su entender, no era el último de los profetas, sino el gran profeta. Dedicados a examinar detenidamente su pensamiento, estudiando los testimonios que de él quedaron, sus conclusiones empezaron a chocar con los dogmas judíos. Todo ello desembocó, hacia el siglo II o principios del III, en una toma de posición ?cristiana? sobre los textos judíos: los textos que conforman el Testamento Judío se han de respetar, pero ya no son, o ya no son sólo, los garantes de la alianza de Yaveh con su pueblo: ese lugar lo ocupan los testimonios de la vida de Jesús, el Nuevo Testamento. En el siglo II se establece ya el canon propiamente cristiano, compuesto por el Testamento Hebreo y el Nuevo Testamento al que se le da mayor importancia. Durante el siglo III empiezan ya a surgir las ?Escuelas Teológicas? cuyo objetivo será, f