Se hace difícil encontrar en la historia del cine y del teatro español una actriz que haya sido tratada más injustamente que Porfiria Sanchiz (Sanlúcar de Barrameda, 1909- Madrid, 1983). Fallecida en el olvido más absoluto ?no consta que ningún periódico publicara su obituario?, su carrera, a la que se entregó con una profesionalidad casi ascética, estuvo marcada por el infortunio ?abandonó la compañía de Margarita Xirgu cuando esta iba a vivir sus mayores éxitos, la guerra civil abortó su prometedor despegue cinematográfico, su categoría de primera actriz en el Teatro Español declinó con la llegada de nuevos talentos ? y unos extraños rasgos faciales que la relegaron a personajes de malvada y despótica hasta convertirse, en sus propias palabras, en la Boris Karloff del cine español . A lo largo de más de cuadro décadas, trabajó en casi medio centenar de películas con los mejores directores ?Carlos Saura, Florián Rey, Manuel Mur Oti, Pedro Olea, Rafael Gil ? e intérpretes ?Imperio Argentina, Lola Flores, José Luis López Vázquez, Concha Velasco, Francisco Rabal, Fernando Rey ?, y vivió días de gloria en lo