Con una cierta sorpresa comprobamos cómo se conserva fresco e inmarchitable el mensaje de los verdaderos mitos narrados en los diálogos platónicos.De repente advertimos un terreno común y apenas imaginable entre el autor antiguo al que falsamente se le ten¡a «por interesante solo en el plano histórico» y el lector moderno que lo descubre como su coetáneo.